Lo que necesitas es una cirugía en el alma

abril 27, 2012 at 1:35 pm Deja un comentario

Por Aixa M. Resto Camacho                                                                             

Consejera Profesional Licenciada y Comunicadora

Todos los días se miraba en el espejo por largas horas para contar con detenimiento los cambios que quería hacerse en su figura. Quería perfilarse la nariz y reducir el volumen de los cachetes; disminuir las bolsas en sus ojos y la hinchazón en los párpados. Quería lucir un busto nuevo y hacerse varias liposucciones. Siempre comentaba con sus amigos y extraños los cambios que quería hacerse cuando tuviera dinero.

Aida era una mujer muy inteligente, pero ambiciosa. Tenía valores muy arraigados que la mantenían firme en su camino. Poseía el don de la palabra, por lo que la gente la escuchaba. Sin embargo, no era feliz. Cargaba un gran dolor que no le dejaba espacio para llenar su vida. Pasaba de la alegría al llanto con gran facilidad como si escondiera una fuerte depresión.

Un día, en la sala de espera de un doctor, comenzó a hacer su acostumbrado recuento de las cirugías que quería hacerse. Una mujer posó su vista en los ojos de Aida y con una sonrisa le dijo: “Quizás lo que tú necesitas es una cirugía en el alma”. Ese comentario le chocó y lo analizó por largas horas y días.

“Una cirugía en el alma…”, se dijo. “¿Será que estoy llena de ambiciones, pero carente de espiritualidad?”.  Las palabras seguían haciendo eco en su cabeza. “Una cirugía en el alma”…

Aida tomó muy en serio esas palabras, por lo que comenzó a hacer grandes cambios en su vida.  Se hizo varias liposucciones de amargura, coraje, resentimiento y culpas. Se realizó incisiones por donde botaba rencores y odio. Luego cosió las heridas con hilos de paz, aceptación y tolerancia. Se puso vendajes de esperanza y confianza.

Como parte del tratamiento añadió ejercicios de autoayuda y auto conocimiento. Se daba faciales y masajes de ternura y amor. De vez en cuando se daba baños de compasión, perdón y empatía. Se inyectó ampolletas de fe y muy pronto su espíritu se rejuveneció.

Tomaba batidas proteínicas de silencio, oración y meditación. Sentía cómo su vida se llenaba de deseos de vivir. La felicidad y la energía la acompañaban. Su aura irradiaba a lo lejos y su círculo de protección se engrandecía. Ahora estaba preparada para servir y ayudar a otros. Su camino se iluminaba; las puertas del cielo se abrían.

Su imagen cambió así como su vida. Comprendió que es bueno tener valores y ambiciones, pero hay que acompañarlos con un espíritu lleno. Internalizó que el fin primordial de los seres humanos en la Tierra es cultivar el espíritu, la conciencia y los buenos recuerdos, porque cuando partimos es lo único que nos llevamos. La satisfacción de servir, el don de dar, la alegría de compartir y el placer de amar son complementos indispensables para una vida eterna llena de gozo.

Hoy Aida siempre saca tiempo de su agitado día para reflexionar sobre lo que fue, lo que es y lo que será. Su sabiduría se amplió. Su presencia impacta la vida de otros y vive acompañada por un espíritu joven que la fortalece, le brinda creatividad y esperanza en la humanidad.

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