No perdamos la esperanza en el ser humano

noviembre 7, 2007 at 2:16 pm Deja un comentario

Por Aixa M. Resto Camacho CPL
Consejera Profesional Licenciada

Cuando escuché la noticia de que un joven de 13 años se quitó la vida por no tener un desempeño académico satisfactorio, mi espíritu se quebrantó. Pensé en cómo es posible que un ser humano, que apenas despuntaba en la vida, había tomado una decisión tan drástica y cruel contra sí mismo. Más aún, pensé en lo preocupante de esta situación y del dolor tan profundo que deben sentir sus familiares cercanos.

De acuerdo a la Academia Americana Psiquiátrica de Niños y Adolescentes, el suicidio entre los adolescentes ha tenido un aumento dramático en los Estados Unidos y se ha convertido en la tercera causa de muerte más frecuente para los jóvenes y adultos de entre las edades de 15 a 24 años y la sexta causa de muerte para los niños y adolescentes entre las edades de 5 a 14 años. Puerto Rico no es la excepción a la regla.

La etapa de la adolescencia es una de las más difíciles, ya que en ella se manifiestan cambios físicos, psicológicos y sociales que traen consigo inseguridad, estrés, dudas sobre la identidad, presión para lograr éxito, problemas de autoestima y aceptación, así como necesidades financieras.

Nosotros lo padres, tenemos sobre nuestras espaldas una responsabilidad muy grande porque nos enfrentamos a una sociedad cambiante y demandante que cada vez se separa más de los valores y la espiritualidad. Cada día vemos como, en cierta medida, nos alejamos más de la que fue nuestra generación y presenciamos una juventud arriesgada, determinada, que no le tiene miedo ni a la vida ni a la muerte. Una juventud que quiere satisfacción inmediata y que se vale de cualquier mecanismo para conseguir lo que quiere aquí y ahora.

Para la mayor parte de los jóvenes el conocimiento se traduce en lo que se aprende en el día a día en la calle. Tienen acceso a muchísima información, que en la mayoría de las veces, no es usada sabiamente. Esto los convierte en seres más vulnerables e individualistas cuyo sentido de la vida en comunidad y lo que esto conlleva; el respeto y la compasión hacia el prójimo, es casi nulo.

Por otro lado, las exigencias académicas no van necesariamente a la par con sus nuevos métodos de aprendizaje. Mientras ellos se sumergen en un mundo altamente tecnológico, vemos cómo los métodos de enseñanza se mantienen caducos, inmóviles y tradicionales, muy lejos de representar un reto o un atractivo para nuestros jóvenes. A esto hay que añadirle un sistema de educación que no siempre promueve la motivación entre los maestros y profesores, características que en muchas ocasiones son transmitidas de educadores a estudiantes. Nos corroe la desmotivación, la enajenación y la falta de compromiso, que a su vez es pasada al estudiante, convirtiéndose en un círculo vicioso de señalamientos de fallas, errores y frustración en vez de reconocimiento de logros.

Las palabras tienen un efecto de gran poder en quien las dice y quien las recibe. Los niños, los jóvenes y los adultos son vasijas que pueden ser moldeadas, si disciplinamos con compasión y amor. Imagine que cada una de las palabras hirientes que usted le dice a alguien es como clavos en la madera. Aunque pida perdón por lo dicho y retire las palabras, éstas como los clavos, dejarán grandes huecos en la madera, lo que se traduce en grandes heridas difíciles de sanar.

Aprendamos entonces a hablar claro y firme, pero con amor y suavidad. Seleccione con cuidado cada palabra para que no sea malinterpretada. Expliquemos con detenimiento y empatía por qué estamos corrigiendo a alguien y las ventajas de enmendar los errores.

Saquemos tiempo para elogiar los logros, por insignificantes que parezcan. Aprendamos a motivar a los demás. La motivación siempre es mejor que un regaño. Démosle a los jóvenes las oportunidades que sean necesarias para reinvindicarse. No perdamos la esperanza. Seamos modelos con nuestro ejemplo. El ser humano siempre será primero espíritu y luego pensamiento y materia.

Confiemos en la capacidad del ser humano para transformarse de gusano en mariposa y podremos verlo algún día despegar del suelo hacia el cielo.

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